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Introducción

Published onAug 29, 2022
Introducción
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Figura 0.1 : "Anomalías" resaltadas en la interfaz del escáner de ondas milimétricas. Fuente: Costello 2016.

Es junio del 2017 y estoy parade1 en la línea del control de seguridad del aeropuerto de la ciudad de Detroit. Voy de regreso a Boston después de participar en el Allied Media Conference (AMC), un "laboratorio colaborativo de los movimientos de medios de comunicación" que se ha estado llevando a cabo en Detroit todos los años durante las últimas dos décadas.2 En el AMC, más de dos mil personas—periodistas comunitarios, diseñadores, activistas y organizadores, programadores de software, artistas, cineastas, investigadores y todo tipo de trabajador cultural—se reúnen cada junio para compartir ideas y estrategias sobre cómo crear un mundo más justo, creativo y colaborativo. Como persona no binaria trans*3 con expresión de género femme, mi experiencia en AMC fue profundamente liberadora. Es una conferencia que se esfuerza más que cualquier otra, que yo conozca, en ser inclusiva de todo tipo de personas, queer, trans*, intersexuales y no conformes con el género (QTI/NCG). Aunque está lejos de ser perfecta, y cada año inevitablemente trae nuevos desafíos y conversaciones difíciles sobre lo que significa construir un espacio verdaderamente inclusivo, es una experiencia transformadora. Después de una semana de estar inmersa en este mundo paralelo, me siento cansade, pero a un nivel profundo, renovada; habiendo logrado restablecer mi reserva de fe en la posibilidad de crear futuros mejores.

Sin embargo, mientras estoy parade en la línea de seguridad y me acerco al escáner de ondas milimétricas, mis niveles de estrés comienzan a subir. Por un lado, sé que mi piel blanca, mi ciudadanía estadounidense y mi afiliación institucional a través del Massachusetts Institute of Technology (MIT) me colocan en una posición de relativo privilegio. Sin duda, podré evitar los resultados más perjudiciales y dolorosos de los controles de seguridad. Por ejemplo, no tengo que preocuparme de que me lleven a un centro de detención o terminar en un proceso de deportación; no me pondrán una capucha ni me llevarán a Guantánamo ni a una de las muchas otras prisiones secretas que forman parte de la infraestructura global de la llamada guerra contra el terrorismo;4 lo más probable es que ni siquiera pierda mi vuelo mientras estoy detenida en este "teatro de seguridad",5 como lo llama el experto en seguridad Bruce Schneier. Solo una vez en todos mis viajes, agentes del Departamento de Seguridad Nacional (DSN) me hicieron a un lado, me colocaron en una sala de espera y me sometieron a un interrogatorio adicional.6

Sin embargo, los latidos de mi corazón se aceleran ligeramente a medida que me acerco al final de la línea porque sé casi con certeza que estoy a punto de pasar por una inspección vergonzosa, incómoda y quizás humillante por parte de algún oficial de la Administración de Seguridad en el Transporte (AST), después de que mi cuerpo sea marcado como anómalo por el escáner de ondas milimétricas. Sé que está por suceder, con casi toda seguridad, debido a la particular configuración sociotécnica de la normatividad de género (cis-normatividad, o el supuesto de que todas las personas tienen una identidad de género consistente con el sexo que se les asignó al nacer) que forma parte de la fabricación del escáner, a través de la combinación del diseño de interfaz del usuario (UI), la tecnología de escaneo, el constructo de datos basados en cuerpos y género binarios, y algoritmos de detección de riesgo, así como la socialización, capacitación y experiencia de les agentes del AST.7

Una agente con expresión de género femenina de la AST me hace señas para que entre al escáner de ondas milimétricas. Levanto los brazos y coloco las manos en forma de triángulo, con las palmas hacia adelante, por encima de mi cabeza. El escáner gira alrededor de mi cuerpo y luego la agente me indica que dé un paso adelante fuera de la máquina y espere con los pies en la plataforma justo afuera del escáner. Hecho un vistazo a la izquierda donde una pantalla muestra un contorno abstracto de un cuerpo humano. Como me lo esperaba, los píxeles de color amarillo fluorescente brillante en la pantalla resaltan el área de mi ingle (ver figura 0.1). Es decir, cuando entré al escáner la operadora de la AST tenía la opción de seleccionar Hombre o Mujer en el interfaz del usuario; el botón para Hombre es azul, el botón para Mujer es rosa. Dado que mi expresión de género es femenino no binario, por lo general la persona selecciona Mujer. Sin embargo, los contornos tridimensionales de mi cuerpo, a una resolución milimétrica, difieren de la norma estadística de los cuerpos femeninos definidos por el conjunto de datos y el algoritmo de riesgo diseñado por el fabricante del escáner (y sus subcontratistas), y no corresponden a la capacitación que se da a un pequeño ejército de personas encargadas de etiquetar y clasificar personas mediante clics (como nos recuerdan les investigadores Lilly Irani, Nick Dyer-Witheford, Mary Gray y Siddharth Suri, entre otres).8 Si les agentes seleccionan Hombre, mis senos son lo suficientemente grandes, estadísticamente hablando, en comparación con el constructo normativo del cuerpo masculino en la base de datos como para que se active una advertencia de anomalía y el área de mi pecho sea resaltada. Si seleccionan Mujer, mi área de la ingle discrepa lo suficiente de la norma estadística femenina como para activar la alerta de riesgo. En otras palabras, me van a reprobar. Este sistema sociotécnico seguramente me designará como un "riesgo" y eso desencadenará tener que pasar al siguiente nivel de seguridad en el protocolo de la AST.

Lo que sucede, de hecho, es que he sido señalada. En la pantalla aparece una luz amarilla fluorescente alrededor de mi ingle. A continuación, la agente me pide que me haga a un lado y (como se acostumbra) pide mi consentimiento para hacer una inspección física. Por lo general, una vez que estoy lo suficientemente cerca, la agente siente confusión acerca de mi género. Esto presenta un problema porque la siguiente bifurcación en el protocolo de seguridad es que otre agente de la AST, hombre o mujer, debe realizar una inspección corporal, haciendo un recorrido con sus manos por mis brazos y axilas, pecho, caderas y piernas y la parte interna de los muslos. De acuerdo con la política de la AST, "si se realiza una inspección, ésta se llevará a cabo por un oficial del mismo sexo que usted presenta".9 Como persona trans* femme no binaria, presento un problema que no se resuelve fácilmente con el algoritmo del protocolo de seguridad. A veces, la persona asume que prefiero que me inspeccione una mujer; a veces, un hombre. Ocasionalmente, me preguntan qué prefiero. Desafortunadamente, la respuesta “ninguno de los dos” es honesta, pero es inaceptable. Este día en particular no estoy de suerte: un agente con expresión masculina que se hallaba cerca y que ha estado observando la interacción, dice en voz alta: "¡Yo puedo hacerlo!" y toma pasos certeros hacia mí. Entonces digo: "¿No me van a preguntar lo que prefiero?" Hace una pausa, luego comienza a moverse hacia mí de nuevo, pero la agente de expresión femenina que está operando el escáner lo detiene. Me pregunta qué prefiero. De pronto estoy parade en público, flanqueada por dos agentes de la AST, con una cola de viajeros curiosos observando toda la interacción. Finalmente, el agente con expresión masculina retrocede y la agente con expresión femenina me inspecciona, haciendo una mueca como si se sintiera tan incómoda como yo, y finalmente me dan autorización para continuar hasta mi puerta de embarque.

 

El punto de esta historia es dar un pequeño pero concreto ejemplo de mi propia experiencia cotidiana de cómo los grandes sistemas—incluyendo normas, valores y supuestos—están codificados y se reproducen a través del diseño de sistemas sociotécnicos, o como lo describe las famosas palabras del teórico político Langdon Winner, "los artefactos tienen política".10 En este caso, la cis-normatividad es ejercida a través de múltiples niveles de interacción entre la persona que viaja y los sistemas de seguridad del aeropuerto. La base de datos, los modelos y algoritmos que evalúan la desviación y el riesgo son todos binarios y cis-normativos. La interfaz del usuario para seleccionar el género, hombre/mujer, es binaria y cis-normativa.11 La asignación de un agente hombre o mujer de la AST para realizar la inspección invasiva adicional, también es cis-normativa y binaria. En cada etapa de esta interacción, la tecnología de seguridad aeroportuaria, las bases de datos, los algoritmos, la evaluación de riesgos y las prácticas están todas diseñadas en base al supuesto de que tan solo existen dos géneros y que la expresión de género debe ajustarse al llamado sexo biológico. Cualquier persona cuyo cuerpo no se encuentre dentro de un rango aceptable de "desviación" dentro de la normativa cuerpo-binario es marcada como riesgosa y sujeta a una carga mayor y desproporcionada de perjuicios (tanto pequeños como, potencialmente, grandes) por parte de los sistemas de seguridad del aeropuerto y la violencia del imperio que ponen en evidencia. Por lo tanto, las personas QTI/NGC están siendo desproporcionadamente afectadas por el diseño de la tecnología de escaneo de ondas milimétricas y la forma en que se utiliza esta tecnología. El sistema está sesgado en nuestra contra. La mayoría de las personas cisgénero desconocen el hecho de que los escáneres de ondas milimétricas operan en base a una construcción de género binaria y cis-normativa; la mayoría de las personas trans* lo sabemos porque afecta nuestras vidas directamente.12

Estos sistemas están predispuestos contra la gente QTI / NGC, como ya lo mencioné; contra las mujeres negras, que con frecuencia padecen búsquedas invasivas de su cabello, según lo documentó el equipo de periodistas de investigación de ProPublica;13 y contra los hombres sij, las mujeres musulmanas y otras personas que usan velo, como lo describe la socióloga Simone Browne en su brillante libro Dark Matters.14 Como lo explica Browne, y como esencialmente lo demuestra Joy Buolamwini, fundadora del Algorithmic Justice League, el género en sí está racializado: los seres humanos han entrenado a nuestras máquinas para categorizar rostros y cuerpos como hombres y mujeres a través de una óptica velada por la supremacía blanca.15 La seguridad aeroportuaria también discrimina sistemáticamente contra las personas discapacitadas, quienes tienen mayor probabilidad de ser marcadas como sospechosas si tienen un cuerpo no normativo y/o usan prótesis, así como contra cualquier persona que lleva un dispositivo médico portable o un implante. Aquellas personas que son simultáneamente QTI/NGC, negras, indígenas, personas de color (PoC, por sus siglas en inglés), musulmanes, sij, inmigrantes y/o discapacitadas16 son doblemente, triplemente o de múltiples maneras discriminadas por este sistema y se ven enfrentadas a un mayor riesgo de ser perjudicadas.

Compartí esta experiencia por primera vez públicamente en un artículo que escribí para el Journal of Design and Science como respuesta al manifiesto "Resistiendo el reduccionismo", un llamado oportuno al diálogo reflexivo sobre los límites y posibilidades de la inteligencia artificial (IA).17 Aquella llamada resonó profundamente en mi interior porque, como persona trans* femme no binaria, camino por un mundo que ha sido diseñado de muchas maneras para negar la posibilidad de mi existencia. El mismo enfoque cis-normativo, racista y capacitista que se utiliza para entrenar a los modelos de escáneres de ondas milimétricas está siendo ahora aplicado para desarrollar IA en casi todas las esferas.

Desde mi punto de vista, me preocupa que el camino actual del desarrollo de la IA reproduzca sistemas que invisibilizan a aquellas personas que estamos al margen, ya sea intencionalmente o no, a través de la repetición mundana e implacable de normas reduccionistas estructuradas por la matriz de dominación (un concepto del que hablaré más adelante), en miles de interacciones diarias con sistemas de IA que, cada vez más, hilan el tejido mismo de nuestras vidas. Mi preocupación sobre cómo el diseño de la IA reproduce la desigualdad estructural incluye todas las áreas de diseño, y es una inquietud compartida por una comunidad cada vez más amplia.

El Design Justice Network

La justicia de diseño no es una invención mía; más bien surgió de una comunidad y prácticas de trabajo que espero se vean elevadas, ampliadas y respaldadas mediante este libro. Esta comunidad está formada por personas que ejercen el diseño junto con movimientos sociales y organizaciones comunitarias en los Estados Unidos y en todo el mundo. Incluye personas en diseño y programación, tecnología, periodismo, organización comunitaria, activismo, investigación y otras tantas personas libremente afiliadas con el Design Justice Network (Red de Justicia de Diseño) (http://designjusticenetwork.org). Design Justice Network nació a partir de una de las conferencias organizadas por Allied Media, en el verano del 2015, cuando un grupo de treinta personas que ejercen el diseño, arte, tecnologías y organización comunitaria participaron en el taller "Generando principios compartidos para la justicia de diseño".18 Este taller fue organizado por Una Lee, Jenny Lee y Melissa Moore, y presentado por Una Lee y Wesley Taylor. Se inspiraron en los principios de la red Allied Media Projects (AMP), los principios de justicia digital del Detroit Digital Justice Coalition (DDJC) y la pedagogía del Detroit Future Youth.

El objetivo del taller era ir más allá de los marcos del diseño con impacto social o el diseño para el bien, desafiando a las personas que diseñan a pensar cómo las buenas intenciones no son necesariamente suficientes para garantizar que los procesos y principios prácticos de diseño se conviertan en herramientas para la liberación y para desarrollar principios que podrían ayudar evitar a reproducir (a menudo de forma involuntaria) las desigualdades ya existentes.19 Los principios desarrollados en ese taller fueron refinados por la coordinación del Design Justice Network a fines de aquel año, revisados ​​durante el AMC en el 2017 y publicados en el 2018 en la siguiente forma:

Principios del Design Justice Network

Este es un documento vivo.

El diseño interviene de tantas formas en nuestras realidades y tiene tremendo impacto en nuestras vidas y, sin embargo, pocas personas participamos en los procesos de diseño. En particular aquellas personas que se ven afectadas de forma más adversa por las decisiones de diseño—relacionadas a cultura visual, nuevas tecnologías, planificación de nuestras comunidades o la estructura de nuestros sistemas políticos y económicos—tienden a tener la menor influencia en las mismas y la manera en que se llevan a cabo.

En la justicia de diseño nos replanteamos los procesos de diseño al centrar a las personas que normalmente son marginadas por el diseño y utilizamos prácticas creativas y de colaboración para abordar los desafíos más profundos a los que se enfrentan nuestras comunidades.

 

  1. Usamos el diseño para apoyar, sanar y empoderar a nuestras comunidades, así como para buscar la liberación de los sistemas de explotación y opresión.

  2. Buscamos centrar las voces de quienes se ven directamente afectades por los resultados de los procesos de diseño.

  3. Priorizamos el impacto de los procesos de diseño en las comunidades por encima de las intenciones de las personas que las diseñan.

  4. Creemos que el cambio surge de un proceso que rinde cuentas, es accesible y colaborativo, más que como meta final del proceso.

  5.  Consideramos que el papel de las personas que diseñan debe ser de facilitadoras en lugar de expertas.

  6. Creemos que todas las personas son expertas basado ​​en su experiencia vivida, y que todes podemos ofrecer contribuciones únicas y brillantes para un proceso de diseño.

  7. Compartimos el conocimiento y las herramientas de diseño con nuestras comunidades.

  8. Trabajamos para lograr resultados sostenibles, controlados y liderados por la comunidad.

  9. Trabajamos hacia soluciones no explotadoras que nos reconecten con la tierra y entre nosotres.

  10. Antes de buscar nuevas soluciones de diseño, buscamos entender lo que ya está funcionando a nivel comunitario. Honramos y elevamos los conocimientos y prácticas tradicionales, indígenas y locales.20

 

Estos principios ya han sido adoptados por más de trescientas personas y organizaciones. Design Justice Network ha crecido, nutrido por la participación de muchas personas, además de docenas en la coordinación de ejes temáticos (muches de elles listades en los agradecimientos de este libro) y facilitación de talleres, el comité directivo en curso incluyen a personas que ejercen diseño como Una Lee, Victoria Barnett, Wesley Taylor y yo.21 La red produce una serie de fanzines para registrar nuestras ideas y actividades en evolución (http://designjusticenetwork.org/zine), coordina un eje temático en el AMC y regularmente organiza talleres. La información sobre decenas de organizaciones y cientos de personas que han sido parte del eje de justicia de diseño en AMC está disponible en el archivo de las agendas de la conferencia.22

El taller de diseño “And Also Too” ha sido particularmente clave en el desarrollo de ideas y prácticas de justicia de diseño. Fundado por la diseñadora Una Lee, And Also Too es “un taller de diseño colaborativo para visionarios de la justicia social” y es el hogar de diseño y arte para personas como Lupe Pérez, Sylver Sterling, Lara Stefanovich-Thomson y Zahra Agjee. Como lo describen en su sitio web: “And Also Too utiliza el co-diseño para crear herramientas para la liberación e imágenes visionarias del mundo en el que queremos vivir… Nuestro trabajo va guiado por dos firmes convicciones: primero, debemos colocar en el centro del proceso de diseño a aquellas personas que se ven directamente afectadas por los problemas que un proyecto pretende resolver, y segundo, absolutamente cualquier persona puede participar de manera significativa en el diseño".23 And Also Too ayudó en el desarrollo de los principios del Design Justice Network, y el taller está guiado por aquellos principios en su propio trabajo cotidiano.24 Otras organizaciones que practican la justicia de diseño incluyen la cooperativa de diseño Research Action Design (RAD),25 el colectivo de artistas con sede en Detroit, Complex Movements, y una lista creciente de más de trescientos firmantes de los Principios del Design Justice Network (la lista completa está disponible en https://designjustice.org/djnspanish).

Más recientemente, otros grupos que no están (¡aún!) formalmente conectados al Design Justice Network también han comenzado a usar el hashtag #designjustice en varias plataformas de redes sociales. Estos incluyen personas en las áreas de arquitectura y planificación urbana que organizaron una serie de eventos Design As Protest en el 2017, la campaña EquityXDesign para poner fin a la disparidad racial y de género en la arquitectura como profesión, y arquitectes afiliades al American Institute of Arquitects (AIA) que convocaron a una Cumbre de Justicia de Diseño en Nueva Orleans en el 2018, entre otros. El Equity Design Collaborative, liderado por Caroline Hill, Michelle Molitor y Christine Ortiz, ha estado trabajando para actualizar los métodos de design thinking (o pensamiento de diseño) en base a un análisis de justicia racial.26

Existen también muchas, muchas organizaciones que no usan el término justicia de diseño pero que están involucradas en prácticas estrechamente aliadas a la misma. Por ejemplo, el Inclusive Design Research Centre (IDRC) es “un centro de investigación y desarrollo donde una comunidad internacional de desarrolladores de código abierto, diseñadores, investigadores, defensores y voluntarios trabajan juntos para garantizar que la tecnología y las prácticas de información emergentes sean diseñadas de manera inclusiva”.27 Ceasar McDowell, profesor de diseño cívico, ha desarrollado un extenso cuerpo de teoría y práctica del diseño para los márgenes.28 Otros proyectos, grupos y redes aliados incluyen la Association for Progressive Communications, el colectivo catalán GynePunk (quienes desarrollan y promueven prácticas de diseño de ginecología feminista queer DIY29), el Center for Media Justice, Coding Rights (Brasil), Critical Making Lab, Data Active, Decolonising Design, Design Studio for Social Intervention, Design Trust for Public Space, Digital Justice Lab (Toronto), FemTechNet, Intelligent Mischief (Brooklyn), MIT CoLab, SEED Network, Social Justice Design Studio y el Tech Equity Collective, solo por nombrar algunas iniciativas.30

En particular, existe una creciente comunidad de investigación, informática y defensa de los derechos que se enfoca en desafiar las formas en que se reproduce la desigualdad a través del diseño de la IA y los sistemas de soporte a las decisiones (DSS o Decision Support Systems, por sus siglas en inglés) basados ​​en algoritmos. Esta área ha visto una ola de publicaciones recientes, como Automating Inequality (2018) de Virginia Eubanks, Algorithms of Oppression de Safiya Noble (2018), Artificial Unintelligence de Meredith Broussard (2019) y Race After Technology de Ruha Benjamin (2019), entre otras. En esta área también ha habido una explosión de nuevas organizaciones y redes. Data for Black Lives ha surgido como una comunidad clave de ciencia de datos, academia, arte y organizaciones comunitarias que trabajan para repensar la ciencia de datos, el aprendizaje automático (machine learning), la inteligencia artificial y otros sistemas sociotécnicos a través de una perspectiva de la justicia racial. Otros (¡entre muchos!) incluyen el AI Now Institute, Algorithmic Justice League, Center for Critical Race and Digital Studies, Data & Society, Data Justice Lab (Cardiff), Digital Equity Lab (NYC), JUST DATA Lab, Our Data Bodies Project, People's Guide to AI y Stop LAPD Spying Coalition (Coalición Contra el Espionaje Policial de Los Ángeles).

A lo largo de este libro regresaré, haré referencia y tomaré prestado del trabajo de estos y otros ejemplos académicos, de diseño y organizaciones que ya están trabajando para poner en práctica los principios de justicia de diseño, aunque hay tantos que no será posible mencionarlos a todos.

Métodos

Mi punto de vista

El marco teórico del punto de vista feminista (FST, por sus siglas en inglés) reconoce que todo conocimiento está situado en las experiencias particulares personificadas de cada individuo.31 Por consecuencia, comienzo aquí ubicando mi punto de vista y mi trayectoria. Soy una persona queer trans* femme no binaria, de ascendencia italiana-rusa-polaca-judía, racializada blanca dentro de la lógica del capitalismo racial de los Estados Unidos en la actualidad. Nací en un hogar rural, hippie y de vivienda cooperativa cerca de Ithaca, en el norte del estado de Nueva York, de madre y padre miembros participantes de movimientos feministas, pacifistas, antiimperialistas, de solidaridad latinoamericana y ambientalistas de aquella época. Crecí en tierras robadas a los pueblos Onöñda'gaga' (Onandaga), Susquehannock, Gayogohó:no' (Cayuga) y de la confederación Haudenosaunee (Iroquois). Mi educación política comenzó con mi madre y padre y con la comunidad, luego con el equipo docente del Alternative Community School, una escuela pública alternativa. Asistí a la escuela secundaria en Puebla, México, y luego me mudé a Boston y empecé mis estudios en Harvard College con una beca, obteniendo acceso a un nuevo nivel de privilegio educativo. Mientras estaba viviendo en Boston, me uní al colectivo de organización cultural y teatro popular AgitArte,32 trabajo que se politizó más profundamente gracias a los esfuerzos de un movimiento artístico puertorriqueño conformado por personas como José Jorge Díaz y Mayda Grano de Oro. Después de la universidad, viví y trabajé en San Juan, Puerto Rico, con el proyecto de arte público EducArte, antes de mudarme a Filadelfia para seguir mis estudios de posgrado con la esperanza de conectar mi trabajo como activista con la teoría de medios.

 
En ese momento, a principios de la década del 2000, formaba parte de la red global Indymedia de periodismo DIY de movimientos sociales.33 Viajé por toda América Latina llevando cámaras de video y computadoras donadas a colectivos locales de Indymedia, participé en la organización de Centros de Medios Independientes para brindar cobertura de base de grandes protestas, y produje y distribuí documentales y videos sobre el movimiento por la justicia global.34 A través de Indymedia, también aprendí sobre software libre y adquirí habilidades de desarrollo de software.

En 2003, me involucré con Allied Media Conference, un espacio que continúa transformando y dando forma a mi vida.35 Me mudé a Los Ángeles para hacer un doctorado en el University of Southern California, y mientras estaba allí trabajé con el Instituto de Educación Popular del Sur de California (IDEPSCA), el Garment Worker Center (GWC) y otras organizaciones comunitarias para dar apoyo a proyectos de medios liderados por trabajadores como VozMob (Voces Móviles), desarrollados a través del diseño participativo.36 En el 2011, me mudé a Boston para ocupar un puesto académico en MIT, y en el 2014, cofundé la cooperativa de diseño, Research Action Design, con Chris Schweidler y Bex Hurwitz.

Al momento de escribir estas palabras, en el 2018, tengo un puesto académico en una universidad de alto perfil que permite beneficiarme materialmente, y también de cierta manera soy perjudicade, por mi ubicación al interior de sistemas como la blanquitud, la desigualdad educativa, el capitalismo, el capacitismo y el colonialismo. Simultáneamente, he experimentado formas de opresión patriarcal (aunque en el pasado he sentido tanto los beneficios como los perjuicios de este sistema), transfobia, transmisoginia y cis-normatividad. Mi punto de vista y experiencia vivida dan forma a mi comprensión del diseño como una herramienta tanto como para la opresión como para la liberación, y a lo largo de este texto regresaré ocasionalmente a mi experiencia vivida para fundamentar e ilustrar puntos clave.

Investigación de acción participativa 

La mayor parte de mi trabajo está enmarcado en la tradición de la investigación de acción participativa (IAP) y el co-diseño o diseño participativo. IAP es un marco con raíces en el trabajo académico y de educación de personas como Kurt Lewin, John Dewey y (más tarde) Paulo Freire, Orlando Fals-Borda y Linda Tuhiwai Smith, y hace énfasis en el desarrollo de comunidades de investigación y acción compartidas.37 El co-diseño, un enfoque de aliados y alianzas se remonta a esfuerzos escandinavos de las décadas de 1960 y 1970 para incluir tanto a les trabajadores como les administradores en el diseño de sistemas sociotécnicos. Tanto IAP como el co-diseño consideran a las comunidades como co-investigadoras y co-diseñadoras, en lugar de ser únicamente sujetos de investigación o usuarios de prueba. El Capítulo 2 proporciona una discusión más profunda de las raíces de los métodos de co-diseño.

Junto con las organizaciones comunitarias que son copartícipes de mi investigación, normalmente empleo una combinación de observación de participantes, entrevistas semiestructuradas, educación popular y talleres de codificación. La base empírica de este libro incluye: (1) mi experiencia como cofundadora de Research Action Design (RAD.cat), una cooperativa que intenta poner en práctica los principios de la justicia de diseño; (2) mi trabajo como parte del proyecto Tech for Social Justice, un equipo de IAP que produjo el informe #MoreThanCode: Practitioners Reimagine the Landscape of Tech for Justice and Equity (#MásQueCódigo: diseñadores se reimaginan el panorama de la tecnología para la justicia y la equidad),38 basado en más de cien entrevistas semiestructuradas (la mayoría de ellas realizadas por Maya Waggoner y Berhan Taye) y una serie de once grupos focales sobre tecnología, diseño, programación, administración de productos y otros en los Estados Unidos (ver morethancode.cc); y (3) mi propia experiencia al desarrollar, enseñar y evaluar el curso “Civic Media: Collaborative Design Studio” (Medios cívicos: estudio de diseño colaborativo) en MIT, entre el 2012 hasta hoy (https://codesign.mit.edu).

Por lo tanto, aunque este libro en sí no es un proyecto IAP, las experiencias y conocimientos que contiene fueron desarrollados durante muchos años en comunidad y en colaboración con otros investigadores, organizadores comunitarios y personas que ejercen el diseño.

Una nota sobre "nosotres" y "yo"

Como académica comprometida y diseñadore que se guía por principios y epistemología antirracistas y feministas, quiero dejar claro que, aunque este es un libro de mi autoría, muchas de las ideas aquí expuestas surgieron a través de la comunidad emergente del Design Justice Network. Esta comunidad debe recibir todo el crédito por las ideas clave que tienen que ver con la justicia de diseño, mientras que toda la responsabilidad por los muchos errores contenidos en este texto es mía. Parafraseando a une de les lectores anónimos de este manuscrito, existe una tensión entre mi intento por proporcionar un marco normativo de justicia de diseño como autora única y mi afirmación de querer amplificar el conocimiento que ha sido producido por un movimiento. Haré todo lo posible por recordar a les lectores esta tensión existente.

En este libro, también voy y vengo entre el uso de los pronombres en tercera y primera persona, nosotres y yo. En particular, utilizo la primera persona del singular cuando estoy describiendo o saco conclusiones de mi propia experiencia personal para ilustrar un punto. Cuando utilizo nosotres, a veces me refiero a la comunidad ya existente que ejerce la justicia de diseño, e intentaré de dejar esto en claro. En otros momentos, nosotres se refiere a una comunidad más amplia de quienes se preocupan por rehacer el diseño, como parte de esfuerzos más amplios para hacer mundos más liberadores y justos. Espero que, al leer este texto, usted se sienta incluide en este más amplio uso del nosotres. Comencemos con algunos términos clave.

Justicia de diseño: definición de términos clave

Diseño

Diseño (sustantivo): Un plan o esquema concebido en la mente y destinado a una ejecución subsecuente; la concepción preliminar de una idea que debe llevarse a cabo mediante la acción; un proyecto. —Oxford English Dictionary39

Hay muchas definiciones de diseño. No intentaré hacer aquí una síntesis, ni tampoco defenderé la adopción de alguna definición en particular. Sin embargo, antes de entrar de lleno en la teoría y la práctica de la justicia de diseño, discutiré brevemente algunas de las muchas formas en que el término diseño se usa y ofreceré algunas ideas sobre los significados más útiles en el contexto de este libro.

Como verbo, diseño se origina del latín de signum (“marcar”) o designō (“señalo, describo”). Antiguamente, describía el acto de hacer una marca física significativa en un objeto.

Signum evolucionó, principalmente por el francés, en palabras como "significa, asigna, designa, [y] señala",40 y este es el sentido que hoy en día se da a la idea del diseño de bosquejar, dibujar y delimitar representaciones que luego se convierten en objetos, edificios o sistemas. En el uso común de la palabra, diseño contiene múltiples significados. Lo usamos para referirnos a un plan para un artefacto, edificio o sistema; un patrón (como un estampado de flores en una tela); la composición de una obra de arte; o la forma, apariencia o características de un objeto.41 También se refiere a la práctica, campo o subcampos del trabajo de diseño (por ejemplo, "el diseño islandés domina los mercados mundiales de muebles").

En su texto clásico Design for the Real World (Diseño para el mundo real), Victor Papanek posiciona al diseño como una práctica universal en las comunidades humanas: “Tod[as] [las personas]42 son diseñadores. . .. El diseño es un esfuerzo consciente para imponer un orden significativo”.43 El profesor de diseño, diseñador y filósofo Tony Fry también sostiene que todes somos diseñadores y que el diseño no es competencia exclusiva de profesionales en arquitectura, el diseño gráfico, el diseño industrial y otras profesiones de diseño; en cambio, lo ve como un componente de todos los acciones intencionales.44 Anne-Marie Willis, profesora de teoría del diseño y editora de Design Philosophy Papers, lo expresa de esta manera: 

El diseño es algo mucho más penetrante y profundo de lo que generalmente reconocen los diseñadores, teóricos culturales, filósofos o laicos; diseñar es fundamental en el ser [existir como] humanos: diseñamos, es decir, deliberamos, planificamos y tramamos de formas que prefiguran nuestras acciones y creaciones...diseñamos nuestro mundo, mientras que nuestro mundo actúa sobre nosotros y nos diseña.45

Al mismo tiempo, el diseño se refiere con frecuencia al conocimiento experto y a aquellas prácticas que conforman un conjunto en particular de campos profesionalizados que incluyen el diseño gráfico, el diseño de la moda, el diseño interactivo, el diseño industrial, la arquitectura, la planificación y varias otras industrias. Yuxtapuesto a la discusión del diseño como una actividad especializada o como cierto tipo de trabajo realizado por gente experta, también existe una literatura en constante crecimiento sobre las prácticas de diseño de las personas marginadas. Como lo plantean las críticas feministas a las formas de trabajo feminizado, por lo general no remuneradas e invisibilizadas,46 es crucial reconocer la importancia de las prácticas de diseño cotidianas, vernáculas y, a menudo, no reconocidas (ver capítulo 3).

Las historias alternativas de la tecnología y del diseño ayudan a recuperar y poner en el centro a las personas, prácticas y formas de conocimiento que durante mucho tiempo han sido invisibilizadas por la convencional teoría e historia del diseño, tanto en los escritos académicos como en la educación popular. Algunas de estas contra-historias del trabajo invisibilizado del diseño de tecnologías han sido popularizadas ampliamente; por ejemplo, la película Hidden Figures que se estrenó en el 2016, narra el trabajo de Katherine Johnson y otras mujeres negras que trabajaron en la NASA como “computadoras humanas” codificando trayectorias de vuelos espaciales.47 Además, literatura reciente de innovación descentra el mito del diseñador como individuo para realzar los roles clave que desempeñan les "usuarios principales" que constantemente modifican, piratean, reconfiguran y reutilizan tecnologías para adaptarlas de mejor manera a sus necesidades (ver capítulo 2).48

Sin embargo, aquellas visiones inclusivas del diseño como una actividad humana universal entran en conflicto de muchas maneras con la realidad de la economía política del diseño. Es verdad que todo el mundo diseña, pero solo ciertos tipos de trabajos de diseño son reconocidos, valorados, remunerados y acreditados. En otras palabras, el diseño está profesionalizado: a ciertas personas se les paga, a veces bastante bien, por ser gente experta en diseño. Les diseñadores son parte de asociaciones profesionales (como el American Institute of Graphic Arts, o AIGA, con más de veinticinco mil miembros),49 conferencias y, en algunos subcampos, procesos extensos de acreditación y concesión de licencias (para la arquitectura y el diseño industrial), estandarización (negociada a través de organismos de normalización como el United States Access Board, encargado de desarrollar las Directrices de Accesibilidad en base a la Ley para Personas con Discapacidades), normas y principios (como los principios del diseño universal).50

Según los académicos especializados en diseño Robert Hoffman, Axel Roesler y Brian Moon, el diseñador como un tipo específico de persona, o como profesión, surgió durante la Revolución Industrial. Hasta entonces, el conocimiento sobre cómo crear, usar y mantener herramientas especializadas se transmitía a través de gremios de artesanos. Sin embargo, el modelo del gremio artesanal no podía respaldar financieramente diseños a mayor escala que requerían la distribución de habilidades entre muchas personas especialistas. En consecuencia, "esta nueva tarea—diseñar para una clase social de personas con las que el diseñador no interactuaba—ayudó a marcar el origen del diseño industrial".51 Fue en aquel momento, también señalan, que las personas que diseñaban asumieron un nuevo rol: “remodelar procesos anteriormente hechos a mano para convertirlos en procesos que máquinas pudieran ejecutar. La producción en masa y basada en líneas de ensamblaje estimuló, o requería, la creación de muchos diseños para artefactos dirigidos hacia una amplia masa de consumidores y para máquinas diseñadas para ayudar en la fabricación de otras máquinas”.52

La era de la Revolución Industrial que llevó a una asociación entre el diseño y la industria, las máquinas y la producción en masa, cambió con el tiempo. El diseño, quienes diseñan y el trabajo de diseño están ahora invariablemente vinculados con las computadoras, el software y la representación virtual de objetos y sistemas. En todos los campos del diseño profesional, incluido el diseño industrial, la arquitectura, el diseño gráfico y el diseño de software, el trabajo de diseño se ha convertido principalmente en un trabajo digital, realizado a través de computadoras y herramientas de software. Como en otros muchos campos, determinadas tareas de diseño también están cada vez más automatizadas o semiautomatizadas. En el capítulo 2, discutiré más a fondo la cuestión de quién recibe paga por hacer el trabajo de diseño y sus implicaciones en la justicia de diseño.

El diseño también es una forma de pensar, aprender e interactuar con el mundo. El razonamiento a través del diseño es un modo de producción de conocimiento que no es primordialmente deductivo ni inductivo, sino abductivo y especulativo. Es decir, la deducción va de lo general a lo específico y la inducción de lo específico a lo general, mientras que la abducción sugiere la mejor predicción posible en base a observaciones incompletas.53 El profesor de planificación urbana, filósofo y académico del aprendizaje organizacional Donald Schön, lo expresa de esta manera: “Los diseñadores construyen cosas y dan vida a cosas nuevas, y en el proceso deben lidiar con muchas variables y limitaciones, algunas inicialmente conocidas y otras que van descubriendo a través del diseño. Casi siempre, los pasos que dan los diseñadores tienen consecuencias distintas a las deseadas. Los diseñadores hacen malabares con las variables, deben reconciliar valores en conflicto y maniobrar en torno a restricciones—un proceso en el que, aunque algunos productos de diseño pueden ser superiores a otros, no existe una única respuesta correcta".54 Por lo tanto, el diseño también es especulativo: tiene que ver con imaginar, además de manipular, el futuro.55 Quienes diseñan imaginan imágenes, objetos, edificios y sistemas que aún no existen. Proponemos, predecimos y defendemos (o, para ciertos tipos de diseño, ofrecemos advertencias en contra de) visiones del futuro.

En su reciente libro Designs for the Pluriverse (2018), el antropólogo Arturo Escobar ve al diseño como una "praxis ética de la creación del mundo".56 Nos insta a considerar maneras en que las prácticas de diseño hoy por hoy reproducen, con demasiada frecuencia, la epistemología totalizadora de la modernidad y, en este proceso, invisibilizan las visiones del mundo, las formas de conocimiento y las formas de ser indígenas. Escobar hace un llamado hacia un enfoque del diseño centrado en la creación de un mundo "donde encajan muchos mundos". Esta es una referencia a la poderosa consigna zapatista que articula la necesidad de superar el actual sistema globalizado que avanza de forma vertiginosa hacia el colapso ecológico. Escobar nos recuerda que la invisibilización de las cosmovisiones indígenas tiene raíces en la prolongada, y aún en desarrollo, imposición colonial de ontologías, epistemologías y formas de conocer el mundo. La invitación a generar prácticas lideradas por comunidades para construir los mundos que necesitamos (el subtítulo de este libro) está inspirada directamente en la discusión de Escobar sobre el pluriverso. En una venia similar, Ramesh Srinivasan, en su reciente libro Whose Global Village? (¿La aldea global de quién?), nos recuerda que los pueblos indígenas tienen sus propias formas de imponer un orden significativo al mundo, el cual no solo ha estado por siglos bajo la arremetida del colonialismo, sino que a menudo es invalidado en interacciones con los sistemas sociotécnicos actuales, incluso en los procesos de diseño supuestamente participativos o centrados en el ser humano.57

¿Qué pasa con el diseño en sí mismo como un proyecto totalizador? Sin duda, el pensamiento de diseño o design thinking se ha vuelto cada vez más popular. Impulsado por el instituto de diseño en Stanford, d.school, y por la empresa IDEO, este enfoque ha tenido una gran influencia en la comercialización del diseño, en la academia y, más recientemente, en el sector público.58 La investigadora de estudios de ciencia y tecnología (CyT) feministas, interacción humano-computadora (IHC) y estudios del Asia del Sur, Lilly Irani, critica cómo se hace uso del design thinking para reproducir una economía política colonial, con el diseño imaginado en la parte más alta de la cadena de valor como un proceso clave para ser administrado exclusivamente por empresas del Norte Global (y como un mecanismo para la reproducción de la blanquitud).59 La diseñadora de productos Natasha Jen, en una popular charla 99U Talk de Adobe, afirma que "el design thinking es una pendejada".60 La socióloga Ruha Benjamin, en su reciente libro Race After Technology: Abolitionist Tools for the New Jim Code (2019) (Carrera tras la tecnología: herramientas abolicionistas para el nuevo Código Jim), examina la relación entre el diseño y el racismo sistémico y hace un llamado hacia un enfoque más intencionalmente antirracista de la innovación así como a un saludable escepticismo de nociones universalistas y solucionistas del diseño para salir de la desigualdad estructural.61 Regresaré a esta discusión sobre el design thinking más adelante en el libro.

El diseño, por lo tanto, puede ser visto tanto como un verbo como un sustantivo, un tipo de actividad humana universal y un campo altamente profesionalizado (o varios campos similares), como una forma de manipular objetos y sistemas futuros utilizando software especializado y conocimientos tradicionales cotidianos imbuidos en vivires y sentires indígenas, una forma de trabajar con las manos y con ciertas maneras de pensar, es arte y ciencia, y más. Mi objetivo no es capturar o reducir esta multivalencia a una esencia única verdadera. La justicia de diseño nos permite plantearnos una serie de preguntas y provocaciones que (creo) pueden ser aplicadas a todos y cada uno de los significados del diseño. Sin embargo, antes de ofrecer mi contribución hacia la definición de la justicia de diseño, discutiré brevemente dos conceptos clave del pensamiento feminista negro que hacen parte del eje de la premisa de este libro: la interseccionalidad y la matriz de dominación.

Interseccionalidad

El pensamiento feminista negro reconceptualiza de manera fundamental a la raza, clase y género como sistemas entrelazados: estos no operan por sí mismos y a menudo se ven manifestados en conjunto en las intersecciones donde existen las personas que los viven. La interseccionalidad es el nombre que se da al marco analítico construido alrededor de esta idea fundamental. Aunque la misma tiene un legado más antiguo (me refiero a “A’int I A Woman?” [¿Acaso no soy una mujer?] de la abolicionista afroamericana y activista por los derechos de las mujeres, Sojourner Truth; los escritos de Claudia Jones, Secretaria del Partido Comunista de los EEUU, sobre sentirse "triplemente oprimida"; o las críticas a los feminismos blancos del colectivo Combahee River),62 el término específico interseccionalidad fue publicado por vez primera por la académica jurídica feminista negra Kimberlé Crenshaw en 1989 en su artículo, "La demarginalización de la intersección entre raza y sexo: una crítica feminista negra de la doctrina antidiscriminación, la teoría feminista y la política antirracista".63 En el artículo, Crenshaw describe cómo la ley antidiscriminación existente (Título VII de la Ley de Derechos Civiles de los EEUU) falló repetidamente en proteger a las trabajadoras negras.

Primero, analiza un caso en el que se les dijo a las trabajadoras negras de General Motors (GM) que no tenían fundamento legal para un caso de discriminación contra su empleador porque la ley antidiscriminación solo protegía categorías de identidad única. El tribunal determinó que, dado que GM contrataba a mujeres blancas, la empresa no discriminaba sistemáticamente contra las mujeres. Además, encontró que no había pruebas suficientes de discriminación contra las personas negras porque GM contrataba a un número significativo de hombres negros para trabajar en la línea de producción. Por lo tanto, las mujeres negras, que en realidad sí eran discriminadas sistemáticamente como mujeres negras, no estaban protegidas bajo la ley existente y no podían hacer ningún reclamo legal procesable. En un segundo caso descrito por Crenshaw, el tribunal rechazó las denuncias de discriminación de una mujer negra en una demanda contra Hugh Helicopters, Inc., debido a que "su intento de especificar la raza era contrario a las acusaciones estándar de discriminación del empleador ‘hacia las mujeres’”.64 En otras palabras, el tribunal no podía aceptar que las mujeres negras pudieran representar a todas las mujeres, incluidas a las blancas, como una clase protegida. En un tercer caso, el tribunal dictaminó a favor de daños por discriminación a las trabajadoras negras de una compañía farmacéutica, pero se negó a concederles daños a todes les trabajadores negros, bajo el argumento de que las mujeres negras no podían representar las demandas de todas las personas negras en su conjunto.65

Crenshaw señala el rol del análisis estadístico en cada uno de estos casos: a veces, las cortes exigieron a las mujeres negras demandantes que incluyeran estadísticas más amplias para todas las mujeres, lo que contraargumentaba sus denuncias de discriminación; en otros casos, los tribunales limitaron los datos admisibles solamente a aquellos que se referían a las mujeres negras, a diferencia de todes les trabajadores de color. En esos casos, el limitado número total de empleadas negras imposibilitaba los reclamos de discriminación estadísticamente válidos, mientras que de haberse podido incluir datos de todas las mujeres, de todas las personas negras o de ambos, se podrían haber hecho reclamos contundentes. Más tarde, en su artículo publicado en el Stanford Law Review en 1991, "Mapeo de los márgenes: interseccionalidad, políticas de identidad y violencia contra las mujeres de color",66 Crenshaw articula poderosamente las formas en que las mujeres de color a menudo sufren de violencia masculina como producto de la intersección entre el racismo y el sexismo, pero son marginadas del discurso y las prácticas feministas y antirracistas, negándoles acceso a recursos legales específicos.67

El concepto de interseccionalidad sentó las bases para un largo y lento cambio de paradigma que aún se está desarrollando en las ciencias sociales, en la erudición jurídica y en otros espacios de investigación y la práctica. Este cambio de paradigma también está comenzando a transformar los diversos espacios para el diseño. Una de las afirmaciones centrales de este libro es que el predominio de lo que Crenshaw llama un marco de análisis de un solo eje, en el que la raza, la clase o el género son tomados en cuenta como constructos independientes, socava continuamente las buenas intenciones de les diseñadores con deseo de afrontar prejuicios a través del diseño de objetos, sistemas o entornos. En el ámbito judicial, como lo señala Crenshaw, “el marco de un solo eje borra a las mujeres negras de la conceptualización, identificación y remediación de la discriminación racial y sexual al limitar la investigación a experiencias de miembros privilegiados de un grupo. Es decir, en casos de discriminación racial, la discriminación tiende a ser vista en términos de personas negras privilegiadas por sexo o clase; en casos de discriminación sexual, la atención se centra en las mujeres privilegiadas de raza y clase. Este enfoque en los miembros más privilegiados del grupo margina a aquellas que deben sobrellevar una carga múltiple y silencia reclamos que no pueden entenderse como resultado de discretas formas de discriminación".68

En este libro, demostraré cómo los principios y prácticas del diseño universalista invisbilizan a ciertos grupos de personas, específicamente a quienes que se encuentran en desventaja interseccional o que deben sobrellevar una carga múltiple bajo el heteropatriarcado supremacista blanco, el capitalismo y el colonialismo. Es más, cuando les diseñadores toman en cuenta la desigualdad en su diseño (ya que la mayoría de los procesos de diseño profesional no considera a la desigualdad en absoluto), casi siempre emplean un marco de un solo eje. Por lo tanto, la mayoría de los procesos de diseño hoy en día están estructurados de forma que hace imposible ver, comprometerse con, dar cuenta de o intentar remediar la distribución desigual de los beneficios y las cargas que estos reproducen. Como lo señala Crenshaw, la teoría feminista y las políticas antirracistas que no tienen fundamento en una comprensión interseccional de género, raza y clase no permiten abordar adecuadamente las experiencias de las mujeres negras, o cualquier otro grupo de personas con múltiples cargas, en particular cuando se trata de exigir nuevas políticas. La justicia de diseño sostiene que lo mismo ocurre cuando se trata de "exigir nuevas formas de diseño".

Por ejemplo, la interseccionalidad es un concepto absolutamente crucial para el desarrollo de la IA. De manera más pragmática, las auditorías de sesgo algorítmico de un solo eje (en otras palabras, no interseccional) son insuficientes para garantizar la equidad algorítmica (y mucho menos la justicia). Si bien existe un interés cada vez mayor en las auditorías de sesgo algorítmico, especialmente en la comunidad de equidad, responsabilidad y transparencia en el aprendizaje automático (FAT*, por sus siglas en inglés), la mayoría son de un solo eje: buscan una distribución sesgada de las tasas de error en base a una sola variable, como raza o género. Este es un avance importante, pero es esencial desarrollar una nueva norma interseccional de auditorías de sesgo para los sistemas de aprendizaje automático. Con ese fin, Joy Buolamwini del Algorithmic Justice League ha publicado una creciente bibliografía que demuestra las maneras interseccionales en que el aprendizaje automático está sesgado. En el proyecto Gender Shades (Sombras de género), Buolamwini y la investigadora Timnit Gebru muestran cómo las herramientas de análisis facial entrenadas en conjuntos de datos de "hombres pálidos" funcionan mejor en imágenes de hombres blancos y de manera deficiente en imágenes de mujeres negras.69 Para demostrar esto, primero tuvieron que crear un nuevo punto de referencia de datos con imágenes de rostros, tanto masculinos como femeninos, con una gama de tonos de piel.

Por supuesto, hay muchos casos donde un análisis de justicia de diseño nos insta a que no hagamos a los sistemas más inclusivos, sino a negarnos absolutamente a diseñarlos; volveremos a ese punto repetidamente, así como al final del libro, durante una discusión sobre el movimiento #TechWontBuildIt (la tecnología no lo construirá). Sin embargo, dejando de lado la apropiación de la industria, el trabajo de Buolamwini y Gebru no solo demuestra que los sistemas de análisis facial están técnicamente sesgados (aunque eso es cierto), sino que provee con un ejemplo concreto de aprendizaje de cómo, cada vez que contemplamos el desarrollo de sistemas de aprendizaje automático, necesitamos desarrollar conjuntos de datos de entrenamiento interseccionales, puntos de referencia interseccionales, y auditorías interseccionales. La urgencia de hacerlo es directamente proporcional a los impactos (o el potencial impacto) de los sistemas algorítmicos de soporte a las decisiones (DSS, por sus siglas en inglés) en las oportunidades de vida de las personas.

En términos más generales, sin un análisis interseccional, no podemos diseñar ningún objeto o sistema que aborde adecuadamente las experiencias de las personas que conllevan una carga múltiple en la matriz de dominación.

La matriz de dominación

Estrechamente vinculada a la interseccionalidad, pero en menos uso hoy en día, la matriz de dominación es un término desarrollado por la académica feminista negra, socióloga y ex presidenta del American Sociological Association, Patricia Hill Collins, para referirse a la raza, clase y género como sistemas entrelazados de opresión. Es un modelo conceptual que nos ayuda a pensar cómo el poder, la opresión, las resistencias, el privilegio, las sanciones, los beneficios y perjuicios están distribuidos sistemáticamente. Cuando introduce el término en su libro Black Feminist Thought (1990), Collins pone énfasis en la raza, la clase y el género como los tres sistemas que históricamente han sido más importantes en estructurar la vida de la mayoría de las mujeres negras. Ella señala que los demás sistemas de opresión estructuran a la matriz de dominación para otros tipos de personas. El término, para ella, describe un modo de análisis que incluye todos y cada uno de los sistemas de opresión que se constituyen mutuamente y dan forma a la vida de las personas.70

Collins también hace énfasis en la manera en que cada individuo recibe simultáneamente tanto los beneficios como los perjuicios dependiendo de donde se ubica en la matriz de dominación. Como señala Collins, "Cada individuo obtiene diferente medida de sanciones y privilegios de los múltiples sistemas de opresión que enmarcan la vida de todos".71 El análisis feminista negro interseccional por lo tanto nos ayuda a comprender que somos simultáneamente miembros de múltiples grupos dominantes y múltiples grupos subordinados. La justicia de diseño nos urge a: (1) considerar cómo el diseño (affordance y disaffordance; objetos y entornos; servicios, sistemas y procesos) distribuye tanto las sanciones como los privilegios a individuos en función de su ubicación en la matriz de dominación y (2) atender a las formas en que estos operan a diferentes escalas.

En Black Feminist Thought, Collins también señala que “las personas experimentan y se resisten a la opresión en tres niveles: el nivel de la biografía personal; el nivel de grupo o comunidad del contexto cultural creado en base a raza, clase y género; y el nivel sistémico de las instituciones sociales. El pensamiento feminista negro enfatiza los tres niveles como lugares de dominación y como potenciales lugares de resistencia".72 La justicia de diseño nos urge a examinar las formas en que el diseño está relacionado con la dominación y la resistencia en cada uno de estos tres niveles (personal, comunitario e institucional). Por ejemplo, a nivel personal, podríamos explorar cómo el diseño de la interfaz afirma o niega la identidad de una persona a través de características como un menú desplegable de género binario en la creación de un perfil. Tales decisiones de diseño, aunque parecieran pequeñas, tienen impactos dispares en diferentes individuos.

A nivel comunitario, el diseño de una plataforma (por ejemplo) fomenta ciertos tipos de comunidad mientras que suprime otras, mediante el establecimiento y aplicación de pautas, reglas y normas de lenguaje ejemplificado a través de diferentes tipos de algoritmos de moderación de contenido, trabajadores del clic y sistemas de soporte a las decisiones (DSS). Por ejemplo, cuando ProPublica reveló que las pautas internas de moderación de contenido de Facebook mencionan explícitamente que los niños negros no son una categoría protegida mientras que los hombres blancos sí lo son,73 esto inspiró muy poca confianza en el testimonio de Mark Zuckerberg ante el Congreso de que Facebook es capaz de lidiar con el discurso de odio y trolls mediante el uso de sistemas de moderación de contenido de inteligencia artificial. La reputación de Facebook tampoco mejoró cuando se filtró información sobre cómo las pautas de moderación de contenido marcaban a las publicaciones de "supremacistas blancos” como prohibidas, mientras que marcaban a las publicaciones de "nacionalistas blancos" como dentro de los límites de la libertad de expresión.74

A nivel institucional, podríamos considerar cómo las decisiones de diseño que reproducen y/o desafían a la matriz de dominación están influenciadas por las prioridades, políticas y prácticas de financiamiento institucional. Las instituciones de diseño incluyen empresas (Google, Apple, Microsoft), estados-nación que deciden los tipos de diseño que se deben priorizar a través de agencias de financiamiento como la National Science Foundation (NSF) y el Departamento de Defensa (DoD) de los EEUU, empresas de capital de riesgo, organismos que establecen estándares (como ISO, W3C y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología o NIST), leyes (como la Ley para Personas con Discapacidades), universidades que imparten educación de diseño, etc. Las instituciones no solo influyen en el diseño de otras personas, sino que también diseñan objetos, sistemas y procesos que utilizan para distribuir beneficios y perjuicios en la sociedad. Por ejemplo, la capacidad de migrar a los Estados Unidos está distribuida de manera desigual entre diferentes grupos de personas a través de una combinación de leyes aprobadas por el Congreso de los Estados Unidos, software para sistemas de soporte a las decisiones (DSS), decretos ejecutivos que influyen en la agencia de prioridades y en su ejecución, etc. En el 2018, el Departamento de Seguridad Nacional de los EEUU (DSN) realizó una convocatoria abierta para desarrollar software de "escrutinio extremo" para automatizar la predicción del "buen inmigrante/mal inmigrante" en base a los perfiles públicos de las personas en las redes sociales. Después de objeciones y oposición de defensores de derechos de inmigrantes, el DSN dio marcha atrás y declaró que las "capacidades vigentes" eran insuficientes para los requerimientos en la creación del sistema. Entonces anunciaron cambios al contrato para reemplazar el software con mano de obra: más de $ 100 millones de dólares se utilizarían para emplear a 180 personas, encargadas de monitorear manualmente los perfiles de las redes sociales de inmigrantes de una lista de alrededor de cien mil personas.75 En términos más generales, la asignación de visas siempre ha sido en base a un algoritmo diseñado de acuerdo con las prioridades políticas del poder de turno. Es un algoritmo que durante mucho tiempo ha privilegiado la blanquitud, la hetero- y cis-normatividad, la riqueza y un estatus socioeconómico más alto.76

Finalmente, el pensamiento feminista negro pone énfasis en el valor del conocimiento situado por sobre el conocimiento universalista. En otras palabras, las percepciones particulares sobre la naturaleza del poder, la opresión y la resistencia provienen de quienes ocupan puntos de vista subyugados. Este enfoque también reconoce explícitamente que el conocimiento desarrollado desde un punto de vista en particular es conocimiento parcial: “La matriz general de dominación alberga múltiples grupos, cada uno con experiencias variables con sanciones y privilegios que producen las correspondientes perspectivas parciales, conocimientos situados y, para aquellos grupos subordinados claramente identificables, conocimientos subyugados. Ningún grupo tiene un ángulo de visión claro. Ningún grupo posee la teoría o metodología que le permite descubrir la 'verdad' absoluta o, peor aún, proclamar sus teorías y metodologías como la norma universal que evalúa las experiencias de otros grupos”.77

Los desafíos profundamente arraigados y entrelazados en los sistemas de opresión que presentamos pueden parecer abrumadores. ¿Qué caminos podrían sacarnos de la matriz de dominación?

Justicia de diseño

Hasta ahora, hemos explorado brevemente los significados del diseño, la interseccionalidad y la matriz de dominación. Para concluir con esta sección, ofrezco la siguiente descripción tentativa de la justicia de diseño:

La justicia de diseño es un marco para el análisis de cómo el diseño distribuye beneficios y cargas entre varios grupos de personas. La justicia de diseño se enfoca explícitamente en las formas en que el diseño reproduce y / o desafía la matriz de dominación (supremacía blanca, heteropatriarcado, capitalismo, capacitismo, colonialismo y otras formas de desigualdad estructural). La justicia de diseño también es una comunidad de práctica que se está expandiendo y tiene como objetivos: garantizar una distribución más equitativa de los beneficios y las cargas del diseño; una participación significativa en las decisiones de diseño; y reconocimiento de tradiciones, conocimientos y prácticas de diseño comunitario, de pueblos indígenas y diásporas.

Esto no pretende ser una definición canónica de la justicia de diseño. Tampoco debe suplantar los principios del Design Justice Network presentados anteriormente, los cuales fueron desarrollados por una creciente comunidad de personas que ejercen el diseño a través de un extenso proceso de varios años. En cambio, es una descripción breve y provisional que encontré útil mientras trabajaba para organizar mis pensamientos para este libro sobre la teoría y la práctica del diseño.

Esta descripción de la justicia de diseño también resuena considerablemente con la creciente diseminación de acciones y pensamiento interseccional feminista, visible en años recientes en los Estados Unidos con el surgimiento de redes de movimientos sociales como #BlackLivesMatter, el movimiento por los derechos de inmigrantes, la lucha por los derechos LGBTQI+ y de Dos Espíritus, justicia de género y liberación trans*, luchas indígenas como #IdleNoMore y #StandWithStandingRock, el movimiento de justicia para personas discapacitadas, el movimiento #MeToo, el movimiento por la justicia ambiental y nuevos movimientos laborales como el cooperativismo de plataforma y #TechWontBuildIt. Estos movimientos luchan por resistir contra el resurgimiento de la extrema derecha y también por hacer avanzar propuestas concretas hacia un mundo más justo y sostenible. Son movimientos que están creciendo y que en el 2018 impulsaron una elección histórica con un número récord de escaños para candidates de izquierda, queer y B / I / PoC (personas negras, indígenas y de color) en el Congreso de los EEUU.

Las redes de movimientos interseccionales feministas también participan cada vez más en debates sobre las relaciones entre la tecnología, el diseño y la justicia social. Tengo la esperanza de que la justicia de diseño como marco pueda proporcionar herramientas para respaldar la existente y emergente crítica al diseño (desde imágenes hasta instituciones, de productos a plataformas, desde personas que ejercen el diseño hasta asociaciones profesionales), así como fomentar la documentación de formas innovadoras de diseño liderado por la comunidad, anclado en la especificidad de movimientos sociales particulares. En este libro extraigo experiencias del Design Justice Network, de mi propia experiencia trabajando en proyectos de diseño y enseñando teoría y práctica del diseño, de entrevistas con personas que ejercen el diseño y de textos publicados por la academia, el diseño y organizaciones comunitarias. Espero que este libro pueda ayudarnos a cambiar las conversaciones para ir más allá de la necesidad de generar mayor diversidad de personal en el sector tecnológico, y que ayude a hacer visible las crecientes comunidades que ejercen la justicia de diseño y que ya están trabajando en estrecha colaboración con los movimientos sociales de liberación para construir un mejor futuro para todes.

Resumen del capítulo

En el Design Justice Network, por varios años hemos estado proponiendo interrogantes sobre cómo funciona el diseño en la actualidad y sobre cómo quisiéramos que funcione. He estructurado los capítulos de este libro como una reflexión a profundidad sobre algunas de estas preguntas, en particular:

  • Valores. ¿Qué valores codificamos y reproducimos en los objetos y sistemas que diseñamos?

  • Principios prácticos. ¿Quién llega a diseñar? ¿Cómo avanzamos hacia el control comunitario de los procesos y principios prácticos del diseño?

  • Narrativas. ¿Qué historias contamos sobre cómo se diseñan las cosas? ¿Cómo hacemos el análisis exploratorio contextual de los desafíos del diseño y enmarcamos los problemas del diseño?

  • Espacios. ¿Dónde diseñamos? ¿Cómo hacemos que los espacios para el diseño sean accesibles para quienes que se ven más afectades por los procesos de diseño? ¿Qué espacios en el diseño son privilegiados y cuáles son ignorados o marginados?

  • Pedagogías. ¿Cómo enseñamos y aprendemos sobre la justicia de diseño?

El libro está organizado de la siguiente forma:

El capítulo 1 aborda la pregunta: "¿Qué valores codificamos y reproducimos en los objetos y sistemas que diseñamos?" Argumento que, en la actualidad, los valores del heteropatriarcado supremacista blanco, el capitalismo, el capacitismo y el colonialismo se ven emulados con demasiada frecuencia en los affordances y disaffordances de los objetos, en los procesos y sistemas que diseñamos. El capítulo comienza con una historia sobre el uso del Facebook para organizar una protesta de solidaridad con migrantes trans* y queer y utiliza aquella experiencia para iniciar una conversación crítica con la literatura sobre los affordances, disaffordances, el diseño discriminatorio y la carga cognitiva.78 Aunque a menudo se asume que los affordances del diseño son universales, el capítulo argumenta que en realidad son distribuidos de manera desigual en base a la matriz de dominación. La siguiente sección analiza brevemente enfoques tales como el diseño sensible a los valores sociales (VSD, por sus siglas en inglés, value-sensitive design),79 el diseño universal y el diseño inclusivo. Con el tiempo, estos han producido cambios necesarios en la teoría y en la práctica del diseño, y la justicia de diseño se basa en ellos, pero también difiere de manera importante. El capítulo también toma prestado de los marco teóricos feministas y antirracistas presentes en los estudios de ciencia y tecnología para desglosar las formas en que la matriz de dominación está codificada en objetos y sistemas diseñados.80 Por lo general, esto ocurre no porque quienes diseñan sean intencionalmente personas "maliciosas" sino que lo hacen a través de mecanismos no intencionales incluyendo suposiciones sobre usuarios "no marcados", el uso de conjuntos de datos sistemáticamente sesgados para entrenar algoritmos utilizando técnicas de aprendizaje automático y ciclos de retroalimentación limitados.

Para abordar estos problemas debemos recrear herramientas para la justicia de diseño y el capítulo analiza varios conceptos y herramientas de diseño como la carga cognitiva diferencial, la instrumentación interseccional, la evaluación comparativa de estándares (benchmarking) y las pruebas A / B, a través de la perspectiva de la justicia de diseño. El capítulo termina con una pregunta sobre lo que la liberación del código rígido (hard-code liberation) podría significar.

El capítulo 2 se centra en las preguntas: “¿Quién se encarga de diseñar? ¿Cómo avanzamos hacia el control comunitario de los procesos y las prácticas del diseño? " Aquí argumento que el ingrediente más valioso en la justicia de diseño es la inclusión absoluta, la rendición de cuentas y el control de aquellas personas con experiencia directa en las condiciones que les diseñadores afirman están intentando cambiar. El capítulo se basa en el trabajo de la lucha por los derechos de las personas discapacitadas que popularizó la frase "nada sobre nosotros sin nosotros".81 El capítulo comienza con una discusión sobre cómo la contratación en el sector de la tecnología lleva un sesgo de raza, clase y género; y propone un cambio en la premisa a favor de la equidad (por ejemplo, "necesitamos más diversidad en la contratación de diseñadores y desarrolladores de software") por procesos de rendición de cuentas y control comunitario (“las personas más afectadas por los resultados deben liderar y tener control de los procesos y productos del diseño”). Esta no es una idea nueva; el capítulo hace un análisis del giro participativo en el diseño de las tecnologías e incluye una discusión sobre innovaciones impulsadas por los usuarios, el diseño participativo y la IHC feminista, entre otras líneas teóricas y prácticas.82 Las lecciones clave incluyen lo siguiente: liderazgo y control por parte de comunidades que se ven más directamente afectadas por el problema es crucial, tanto porque es lo más ético como porque el conocimiento tácito y experiencial de las personas marginadas dentro de la matriz de dominación seguramente producirán ideas, enfoques e innovaciones que una persona que no es miembro de la comunidad dificultosamente podría concebir. El capítulo termina explorando los hallazgos del análisis de campo sobre tecnología de #MoreThanCode para personas que ejercen el diseño y la justicia social en los Estados Unidos; en particular, resume las sugerencias sobre cómo generar una rendición de cuentas comunitaria en los procesos del diseño de tecnología.

Las historias que contamos tienen mucho poder y el capítulo 3 pregunta: "¿Qué historias contamos sobre el diseño de tecnologías digitales?" Este empieza haciendo un contraste entre la historia "oficial" de cómo se creó Twitter (como un brillante destello de genialidad de uno de sus fundadores) con las contranarrativas de desarrolladores que fueron parte de este proceso (activistas anarquistas que diseñaron un demo para Twitter como una herramienta para ayudar a grupos de activistas a monitorear los movimientos de la policía durante protestas en el 2004 contra la Convención Nacional Republicana en Nueva York).83 El punto clave es que la atribución y la atención son beneficios importantes de los procesos del diseño y deberían distribuirse de manera más equitativa. La innovación en tecnologías mediáticas, como toda innovación sociotécnica, es una interacción entre usuarios y desarrolladores de herramientas, no un proceso de arriba hacia abajo. Los movimientos sociales, en particular, siempre han sido un semillero de innovación para herramientas y prácticas de los medios, en parte debido a la correlación entre la industria de los medios de comunicación y la tergiversación de los movimientos sociales. Los movimientos sociales, especialmente aquellos liderados por comunidades marginadas, son sistemáticamente ignorados, tergiversados y atacados en los medios de comunicación, por lo que los movimientos a menudo forman sólidas prácticas de medios comunitarios, al generar contra-públicos activos y desarrollar innovaciones por necesidad.84 Las innovaciones de la comunicación de los movimientos sociales son posteriormente adoptadas por industrias culturales, en general. Los ejemplos incluyen TXTMob y Twitter, transmisiones en vivo DIY de Ocuppy via DeepDish TV y la criptografía de mensajes de Signal a WhatsApp. Estas historias deben ser contadas más ampliamente para que las contribuciones de los movimientos en la historia de la tecnología no sean invisibilizadas. La última sección del capítulo explora la importancia del análisis exploratorio contextual y marco del diseño, y hace un análisis crítico de cómo los desafíos del diseño actúan como máquinas antipolítica. ¿Cómo las instituciones enmarcan y hacen un análisis exploratorio de los “problemas” para que diseñadores los “resuelvan” de una forma que generan la invisibilización sistemática de la desigualdad estructural, la historia y las resistencias comunitarias? En última instancia, el capítulo sostiene que necesitamos cambiar de un enfoque de déficits y enfoques basados en activos a un análisis exploratorio contextual. También necesitamos liderazgo comunitario en los procesos de diseño durante las fases de análisis exploratorio y “definición del desafío” de un ciclo de diseño, en vez de solamente durante los procesos de "recopilación de ideas" o "de prueba” de nuestras soluciones.

El capítulo 4 considera la pregunta: "¿Dónde hacemos el trabajo de diseño?" Por supuesto, el diseño se lleva a cabo en todas partes, incluso en espacios subalternos para el diseño y en comunidades marginadas. Sin embargo, espacios específicos se valoran como ubicaciones ideales para las prácticas del diseño. La primera parte de este capítulo explora la creciente bibliografía sobre espacios para el diseño como hacklabs, makerspaces, fablabs y hackathons—lugares donde las personas se reúnen para compartir habilidades, aprender, diseñar, generar prototipos, crear y construir utilizando nuevas tecnologías.

Algunas personas de la academia argumentan que originalmente los hacklabs eran espacios explícitamente politizados en la intersección entre las redes de movimientos sociales y las comunidades geek.85 Con el tiempo, los hacklabs fueron en gran medida cooptados por la cultura de empresas emergentes (startups) y discursos neoliberales de individuos expertos y una ciudadanía emprendedora,86 incluso gestores públicos de ciudades aprovecharon el tecno fetichismo para crear "laboratorios de innovación" municipales. Esta sección también proporciona un análisis crítico de la red fablab.

A continuación, el capítulo cuestiona los ideales, el discurso y las prácticas de los hackathons: ¿Qué se piensa son los hackathons y qué sucede realmente en los hackathons? ¿De qué manera desafían y / o reproducen la matriz de dominación? ¿Cómo podríamos imaginarlos como espacios más intencionalmente liberadores e inclusivos, estructurados por principios y prácticas de justicia de diseño? Ha habido intentos recientes hacia la diversificación intencional de hacklabs, espacios de creación colaborativa (makerspaces) y hackatones, específicamente alrededor de género, raza y orientación sexual. Los ejemplos incluyen DiscoTechs (promovidos por la Coalición de Justicia Digital de Detroit), CryptoParties, Trans*H4CK, #A11yCAN Hackathons y Make the Breast Pump Not Suck Hackathon and Policy Summit (Cima para hackathon y políticas para que el extractor de leche materna no sea una porquería), entre muchos otros. Además de la diversificación de los participantes del hacklab, el capítulo concluye que la justicia de diseño requiere un cambio cultural más amplio, nuevamente hacia la vinculación intencional de estos espacios a las redes de movimientos sociales.

El capítulo 5 es una reflexión ampliada sobre las pedagogías críticas de la justicia de diseño. Pregunta: "¿Cómo enseñamos y aprendemos la justicia de diseño?" Comienza con un resumen de las ideas detrás de la pedagogía crítica y la educación popular, basado en el trabajo de Paulo Freire, bell hooks y otras personas. El capítulo coloca a estas ideas en diálogo con teóricos de la educación del diseño construccionista como Seymour Papert y Mitchel Resnick, así como con la pedagogía de tecnología comunitaria de Diana Nucera y el Detroit Community Technology Project, el Critical Community Technology Pedagogy de Maya Wagoner, y la pedagogía feminista de la ciencia de datos de Catherine D'Ignazio y Laura Klein, entre otras. En la segunda mitad del capítulo, aprovecho mi propia experiencia en la enseñanza del curso “Civic Media: Codesign Studio” en MIT durante los últimos seis años. Resumo lecciones de los estudios de caso del curso Codesign Studio dentro del marco de los diez principios del Design Justice Network. El capítulo termina con una reflexión sobre los famosos debates entre W.E B. DuBois y Booker T. Washington sobre la índole de la educación y nos pide que consideremos: ¿qué significaría para las estructuras institucionales dar apoyo a una pedagogía del diseño tecnológico basada en la comunidad? ¿Cuáles son los desafíos en una era neoliberal del sistema educativo?87 ¿El objetivo de la educación informática es hacer que todes sean buenos codificadores o que todes les codificadores sean buenas personas?

El libro termina con más preguntas que conclusiones. "Direcciones para el trabajo futuro" describe el creciente movimiento #TechWontBuildIt y pregunta: "¿Cuáles son algunas direcciones importantes para el trabajo de justicia de diseño a futuro?" Este considera las tensiones entre los procesos de justicia de diseño y sus resultados, el papel del pensamiento feminista negro en la teoría de diseño en general, la paradoja del diseño pragmático y la necesidad de un trabajo de justicia de diseño más específico en dominios del diseño como la arquitectura, la planificación urbana, el diseño industrial, diseño de moda y más. A continuación, examina posibles áreas futuras para ampliar el marco de justicia de diseño, como la evaluación de proyectos y la evaluación de impacto; pautas, estándares, códigos y leyes; y la dinámica de las consecuencias no deseadas. El capítulo concluye con reflexiones sobre la justicia de diseño y el cooperativismo de plataformas, la necesidad de una asignación de recursos más sistemática para los espacios de justicia de diseño y los posibles mecanismos institucionales para apoyar las pedagogías de la justicia de diseño.

Finalmente, ofrece áreas adicionales de investigación para les lectores y una invitación a unirse a la creciente comunidad que ejerce la justicia de diseño.

Limitaciones

Antes de sumergirnos en estos temas, una breve nota sobre las limitaciones de mi enfoque: primero, creo que la justicia de diseño es un marco que puede ser aplicado a todas las formas de diseño. Sin embargo, mi propia práctica y conocimientos se limitan a ciertos subcampos y, por lo tanto, he extraído ejemplos principalmente de estas áreas. Animo a otras personas en la academia y diseño a extender el marco de justicia de diseño a otras áreas. En particular, espero que otras personas exploren las implicaciones de la justicia de diseño para el diseño industrial, el diseño de moda y la arquitectura, entre otros. No conozco estos campos a profundidad y no puedo hacerles justicia.

Otra advertencia: este no es un manual de instrucciones. Los principios de la red de Allied Media Projects incluyen lo siguiente: “Dondequiera que haya un problema, ya habrá personas tomando acción para resolver el problema de alguna manera. Comprender esas acciones es el punto de partida para desarrollar estrategias efectivas para resolver el problema, por lo que nos enfocamos en las soluciones, no en los problemas. Enfatizamos nuestro propio poder y legitimidad. Presumimos nuestro poder, no nuestra impotencia. Pasamos más tiempo construyendo que atacando".88 En consecuencia, a lo largo de este libro, he intentado encontrar un equilibrio entre la crítica de las maneras en que los procesos de diseño reproducen la matriz de dominación y la discusión del trabajo de justicia de diseño ya existente. Sin embargo, este no es un manual para diseñadores. Design Justice Network está produciendo excelentes guías prácticas, por ejemplo, en su serie de fanzines, para el eje de justicia de diseño en Allied Media Conference, disponibles en su sitio web y de otras formas. Espero que la red produzca un kit de métodos de justicia de diseño en algún momento muy cercano; por ahora, insto a lectores con interés ​​en poner en práctica la justicia de diseño en su trabajo de forma inmediata explorar: http://designjusticenetwork.org.

En general, la justicia de diseño, como marco conceptual y como comunidad de práctica, proporciona una propuesta normativa y pragmática para un enfoque liberador del diseño. Normativa porque aquellas personas que ejercen la justicia de diseño sentimos que tenemos un imperativo ético de promover sistemáticamente la participación democrática y el control comunitario en todas las etapas del diseño. Por lo tanto, trabajamos para centrar a las comunidades históricamente marginadas en los procesos del diseño. Pragmático porque, al mismo tiempo, creemos que el diseño que sigue estos principios puede producir imágenes, objetos, productos y sistemas que funcionan mejor para todes nosotres.

Existe una creciente comunidad de justicia de diseño: personas y organizaciones que trabajan para hacer realidad los principios de justicia de diseño en nuestras prácticas diarias. En el espíritu de la rendición de cuentas a los procesos liderados por la comunidad, listé los principios del Design Justice Network al comienzo de esta introducción. Design Justice Network describe estos principios como un "documento vivo" y planea continuar desarrollándolos junto con personas que ejercen el diseño. Insto a les amables lectores a que reflexionen sobre los mismos, los incorporen en su propio trabajo y continúen desarrollándolos. ¡Construyamos juntes la teoría, la práctica y la pedagogía de la justicia de diseño!

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